España y Europa lideran la carrera por una IA ética y centrada en las personas
Las instituciones trabajan para asegurar que la innovación tecnológica beneficie a la sociedad sin comprometer derechos ni valores democráticos
La IA generativa amplía posibilidades, pero también tensiona la industria audiovisual. La primera serie hecha íntegramente con IA desata preguntas sobre empleo, derechos y estética

La inteligencia artificial está entrando de lleno en el terreno de la creación artística, desde imágenes generadas por algoritmos hasta producciones audiovisuales completas. En este contexto, el pensador contemporáneo Jim Gabaret propone un concepto clave: IArt, el arte creado con inteligencia artificial como medio para reinventar la imaginación humana. Según explica en este artículo de ActuAI, la IA no debe verse únicamente como una amenaza, sino como una ampliación del repertorio creativo disponible.
Para Gabaret, la IA no elimina la creatividad humana: la transforma. Igual que la fotografía revolucionó la pintura o el cine transformó el teatro, la IA abre un nuevo territorio expresivo.
El concepto de IArt se sostiene en varias ideas centrales:
Gabaret invita a superar la visión binaria “humano vs. máquina”. La IA no sustituye necesariamente al creador; puede convertirse en un nuevo medio artístico. Sin embargo, esta visión convive con tensiones culturales profundas sobre identidad, autoría y valor simbólico.
El debate dejó de ser teórico cuando el director Darren Aronofsky presentó “On This Day… 1776”, que, según explica este artículo de El Mundo, está considerada como la primera gran serie creada íntegramente con inteligencia artificial. La obra se distribuyó directamente en YouTube, rompiendo también el modelo tradicional de exhibición.
En esta producción no hay actores reales, no existen escenarios físicos, no hubo rodaje tradicional. Todo el proceso -guion, imágenes, voces y montaje- fue generado mediante IA. El experimento abrió un debate global sobre los límites del cine generativo.
La reacción fue inmediata y polarizada. Parte del sector calificó la serie como “basura de IA”, mientras que otros la defendieron como un experimento necesario. Aronofsky recordó que el cine siempre ha evolucionado gracias a la tecnología, aunque reconoció que quizá el mundo aún no está preparado para una “IA de autor”.
Este debate ha puesto sobre la mesa preocupaciones muy concretas. Actores, guionistas y técnicos temen que la automatización creativa pueda desplazar empleos o reducir la necesidad de equipos humanos en rodajes y posproducción. A ello se suma la creciente inquietud sobre los derechos de autor: si los modelos generativos se entrenan con millones de obras previas, ¿qué ocurre con la propiedad intelectual de los creadores originales? También existe el riesgo de que, si las herramientas utilizan los mismos referentes culturales, la estética resultante tienda a la homogeneización, limitando la diversidad creativa.
Sin embargo, junto a estas tensiones emergen oportunidades significativas. La IA generativa puede democratizar la producción audiovisual, permitiendo que personas sin grandes recursos accedan a herramientas antes reservadas a estudios profesionales. Esto abre la puerta a nuevas formas de experimentación artística y a la aparición de voces creativas que antes no tenían espacio. La reducción de costes y barreras técnicas también facilita que proyectos independientes puedan competir en un ecosistema cada vez más saturado.
Más allá de la polémica puntual, el cine generativo está reconfigurando pilares fundamentales de la creación cultural:
La pregunta clave no es si la IA sustituirá la creatividad humana, sino cómo la transformará. La historia del arte muestra que cada innovación tecnológica genera resistencia inicial, seguida de adaptación e integración. Lo que está en juego no es solo el empleo o la técnica, sino la definición misma de creación y autoría en la era digital.