IA para romper barreras

Más allá del código, la IA ha encontrado su propósito más humano. Adéntrate en un análisis sobre cómo la innovación está devolviendo el control, la independencia y la voz a millones de personas.

Hablando en cifras: entender la escala de la discapacidad

Hablar de accesibilidad, inclusión o innovación tecnológica solo tiene sentido si primero entendemos la escala del desafío. Hoy, alrededor de 1.300 millones de personas en el mundo viven con algún tipo de discapacidad, lo que representa aproximadamente el 16% de la población mundial.

Es decir, cerca de una de cada seis personas experimenta en su vida diaria algún tipo de limitación funcional o barrera relacionada con su salud, su entorno o la interacción entre ambos.

Pero detrás de esta cifra global existe una enorme diversidad de realidades. La discapacidad no es una experiencia única ni homogénea: puede manifestarse a través de limitaciones físicas, sensoriales, cognitivas o relacionadas con la salud mental, y cada una de ellas implica retos distintos.

Además, factores como la edad, el género, la situación económica, el contexto cultural o el acceso a servicios básicos influyen profundamente en cómo viven las personas con discapacidad y en las oportunidades que tienen a lo largo de su vida[1][2].

A nivel global, la distribución de estas personas también revela importantes desigualdades. Casi el 80% de las personas con discapacidad viven en países de ingresos bajos o medios, mientras que solo el 20% reside en países de ingresos altos. Sin embargo, paradójicamente, la prevalencia registrada de discapacidad suele ser mayor en los países con mayores ingresos.

Esto se debe, por un lado, a que ciertas condiciones de salud muy frecuentes, como las enfermedades neurológicas o musculoesqueléticas, se diagnostican más en estos contextos; por otro, la infradiagnosis y la falta de registros en países con menos recursos hace que muchas discapacidades no se identifiquen ni se documenten adecuadamente.[3]

El aumento de la esperanza de vida, junto con la mayor supervivencia frente a enfermedades que antes eran mortales, está haciendo que cada vez más personas vivan durante más tiempo con condiciones que pueden generar discapacidad.

A ello se suma el incremento de enfermedades no transmisibles, como las cardiovasculares o la diabetes, que también pueden derivar en limitaciones funcionales a largo plazo[4].

La discapacidad en España: una mirada a la realidad nacional

España refleja muchas de estas tendencias globales, según los registros administrativos más recientes, más de 3,4 millones de personas tienen reconocido oficialmente algún grado de discapacidad, con una distribución prácticamente equilibrada entre hombres y mujeres[5].

No obstante, si se consideran también las personas que declaran tener alguna limitación funcional, aunque no cuenten con reconocimiento administrativo, la cifra asciende a aproximadamente 4,38 millones de personas[6].

La discapacidad también forma parte de la vida cotidiana de muchos hogares españoles. En casi uno de cada cinco hogares hay al menos una persona con discapacidad, lo que evidencia que esta realidad afecta no solo a quienes viven con ella, sino también a sus familias y redes de apoyo.

De hecho, el perfil más común de quien presta cuidados personales sigue siendo el de mujeres de entre 45 y 64 años que conviven en el mismo hogar[7].

En términos de edad, la mayor parte de las personas con discapacidad se concentra en los grupos de edad más avanzados, especialmente entre los 35 y los 64 años y, posteriormente, en las personas mayores de 65.

Los menores representan una proporción mucho menor del total, reflejándose así el impacto del envejecimiento poblacional en la prevalencia de la discapacidad.

Si analizamos el grado de discapacidad reconocido, el grupo más numeroso corresponde a grados moderados, especialmente entre el 33% y el 44%. Los grados más severos, superiores al 75%, representan una proporción menor del total, aunque implican necesidades de apoyo más intensas[8].

Más allá de las cifras: las inequidades que persisten

Las personas con discapacidad siguen enfrentándose a importantes desigualdades en salud, bienestar y participación social:

  • Mayor mortalidad prematura; de hecho, en el caso de las personas con discapacidades psicosociales, la diferencia en esperanza de vida puede alcanzar hasta 20 años en hombres y 15 en mujeres. Entre las personas con discapacidad intelectual, los niños pueden llegar a tener hasta ocho veces más probabilidad de fallecer antes de los 17 años que aquellos sin discapacidad.
  • Mayor morbilidad, es decir, las personas con discapacidad presentan tasas más altas de enfermedades tanto transmisibles como no transmisibles. En muchos casos, estas diferencias se relacionan con un acceso limitado o tardío a servicios de salud, así como con factores sociales y económicos que condicionan su bienestar.
  • Limitaciones en la participación diaria derivadas de barreras en el entorno. Las personas con discapacidad pueden encontrar hasta seis veces más dificultades para acceder a instalaciones sanitarias, quince veces más barreras en el transporte, y en algunos contextos incluso veinticinco veces más obstáculos para participar en actividades sociales o comunitarias[9].

Qué es realmente ser una persona con discapacidad

Cuando se habla de discapacidad, a menudo se piensa únicamente en una condición médica o en una limitación individual. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja. Hoy, la discapacidad se entiende como el resultado de la interacción entre una condición de salud y el entorno en el que vive una persona.

La Organización Mundial de la Salud, a través de la Clasificación Internacional del Funcionamiento, de la Discapacidad y de la Salud (CIF), define la discapacidad como un fenómeno que integra tres dimensiones:

  1. Las deficiencias, que son alteraciones en una estructura o función del cuerpo.
  2. Las limitaciones de la actividad, es decir, las dificultades que puede tener una persona para realizar determinadas tareaso acciones cotidianas.
  3. Las restricciones en la participación, que aparecen cuando esas limitaciones dificultan la posibilidad de relacionarse, trabajar, estudiar o participar plenamente en la sociedad.

Un mismo individuo puede experimentar más o menos limitaciones dependiendo de cómo estén diseñadas las ciudades, los sistemas educativos, los servicios públicos o las tecnologías que utilizamos en la vida diaria[10].

Una realidad diversa: los distintos tipos de discapacidad

Las personas con discapacidad o PCD forman un grupo extraordinariamente diverso. Según la CIF, las discapacidades suelen agruparse en cinco grandes categorías, aunque en la práctica muchas personas experimentan más de una al mismo tiempo.

  • La discapacidad física incluye aquellas condiciones que afectan al movimiento o al funcionamiento del cuerpo. Dentro de este grupo se distinguen las discapacidades motoras,que afectan al sistema neuromuscular o esquelético y dificultan el desplazamiento o la movilidad, y las discapacidades orgánicas,relacionadas con el funcionamiento de órganos o sistemas internos, como el sistema respiratorio, digestivo, cardiovascular o metabólico.
  • La discapacidad sensorial afecta a la forma en que una persona percibe el entorno a través de los sentidos. Las más conocidas son la discapacidad visual y la auditiva, aunque también pueden involucrar otros sentidos o el sistema nervioso. En algunos casos, estas limitaciones pueden combinarse, como ocurre en la sordoceguera.
  • La discapacidad intelectual se refiere a limitaciones significativas en el funcionamiento intelectual y en las habilidades adaptativas, lo que puede dificultar la comprensión de información, el aprendizaje o la resolución de problemas en la vida diaria.
  • Por su parte, la discapacidad mental o psicosocial engloba condiciones que afectan al bienestar psicológico y al funcionamiento emocional o conductual, como los trastornos depresivos, de ansiedad, bipolares o esquizofrénicos.
  • Finalmente, existe la pluridiscapacidad, cuando una persona presenta simultáneamente varias de estas condiciones, lo que puede implicar desafíos adicionales en el desarrollo, la comunicación o la independencia[11][12].

Fuente: Fundación Adecco

En 2024, entre los casi 3,5 millones de personas con un grado de discapacidad reconocido de entre el 33% y el 100%, el grupo más numeroso correspondía a las deficiencias neuromusculoesqueléticas o del movimiento, que representaban el 25,8% del total (883.330 personas).

A continuación, aparecían las deficiencias relacionadas con el sistema nervioso o la función mental, con un 23,2% (alrededor de 793.220). En tercer lugar, se situaba la categoría de “otra deficiencia”, con un 15,8%, equivalente a unas 539.136 personas.

  • Las deficiencias cardiovasculares, hematológicas, inmunológicas o respiratorias rondan el 10% del total,
  • las sensoriales, se sitúan en torno al 11,4%,
  • las deficiencias digestivas, metabólicas o endocrinas alcanzan aproximadamente el 3,8%,
  • las genitourinarias, reproductoras o vinculadas a neoplasias, en torno al 5%
  • y las intelectuales o trastornos del desarrollo, cerca del 4,6%

Otras, como las relacionadas con la piel o con la voz y el habla, tienen un peso estadístico menor, aunque eso no reduce su impacto en la vida de quienes las experimentan.

Visto desde la lógica de la CIF, estos datos muestran que buena parte de las deficiencias más frecuentes en España se concentran entre las discapacidades físicas, especialmente las vinculadas al movimiento y al funcionamiento orgánico y las discapacidades mentales o psicosociales, asociadas al sistema nervioso o la función mental.

Al mismo tiempo, también están presentes, aunque con menor peso relativo, las discapacidades sensoriales e intelectuales, recordándonos que la discapacidad adopta formas muy distintas y que ninguna de ellas puede entenderse de manera aislada o simplificada.

El día a día de las personas con discapacidades

Aunque las experiencias de discapacidad son muy diferentes entre sí, muchas PCD comparten un conjunto de barreras estructurales que afectan a su vida diaria, con independencia del tipo de discapacidad que tengan.

Entre las más visibles se encuentran aquellas relacionadas con el espacio físico. La falta de accesibilidad en edificios, transporte público o infraestructuras urbanas sigue condicionando la movilidad y la autosuficiencia de muchas personas, especialmente de aquellas con discapacidades físicas o de movilidad reducida.

A estas barreras se suman otras de carácter social y cultural. Las actitudes negativas, los estereotipos o las expectativas reducidas sobre las capacidades de las personas con discapacidad continúan influyendo en su acceso al empleo, a la educación y a la vida comunitaria.

También los sistemas administrativos y las políticas públicas pueden generar obstáculos cuando los procedimientos son excesivamente complejos, los servicios no están coordinados o los apoyos disponibles resultan insuficientes.

En estos casos, el acceso a prestaciones sociales, servicios sanitarios o programas de apoyo puede volverse especialmente difícil.

En los últimos años, ha emergido una dimensión adicional vinculada al desarrollo tecnológico. A medida que la sociedad avanza hacia entornos cada vez más digitalizados, la accesibilidad tecnológica se ha convertido en un factor clave de inclusión o exclusión.

Interfaces digitales complejas, sitios web no compatibles con tecnologías de apoyo o contenidos audiovisuales sin subtítulos o descripciones alternativas pueden limitar el acceso a información, servicios u oportunidades laborales[13].

Dificultades y barreras específicas de las discapacidades físicas funcionales y orgánicas

Para una persona con una discapacidad física funcional, el problema se manifiesta, sobre todo, cuando el entorno convierte esa dificultad en dependencia[14].

La imposibilidad de ponerse en pie, recorrer un pasillo, acceder a un aula, jugar en el parque o moverse con libertad por espacios cotidianos merma tanto la movilidad como las interacciones sociales, la autoestima y la posibilidad de participar en igualdad de condiciones[15].

En el caso de las discapacidades físicas orgánicas, las barreras aparecen a menudo de forma menos visible, pero igualmente profunda; la fatiga, la afectación respiratoria, las limitaciones fisiológicas o la necesidad de seguimiento constante pueden condicionar la presencia continuada en la escuela, el trabajo o la vida comunitaria[16].

Dificultades y barreras específicas de las discapacidades sensoriales (visual, auditiva o sordoceguera)

En las discapacidades sensoriales, el problema central no suele ser únicamente la pérdida de visión o audición, sino la forma en que el entorno se apoya casi exclusivamente en canales que no siempre son accesibles[17].

Cuando la información se ofrece solo a través de textos impresos, pantallas, señales visuales, megafonía o conversaciones orales no adaptadas, actividades tan comunes como leer una carta, identificar un producto, reconocer a una persona, seguir una explicación o detectar una alerta de emergencia pueden convertirse en tareas complejas o directamente inaccesibles[18]. La barrera es informativa, comunicativa y relacional[19].

Dificultades y barreras específicas de las discapacidades intelectuales

Algo similar sucede con la discapacidad intelectual y con otros trastornos del desarrollo. Aquí, uno de los grandes retos cotidianos puede ser desde ejecutar una acción determinada hasta lograr comprender qué se espera, interpretar información compleja o desenvolverse en entornos llenos de normas implícitas[20].

Ciertos formularios administrativos, instrucciones médicas, dinámicas educativas o interacciones sociales basadas en códigos no explícitos pueden generar exclusión cuando no existen apoyos, formatos comprensibles o tiempo suficiente para procesar la información[21]. En el fondo, se trata de una cuestión básica pero frecuentemente olvidada; el derecho a entender y a ser entendido[22].

Dificultades y barreras específicas de las discapacidades mentales o psicosociales

Por su parte, en las discapacidades mentales o psicosociales, la barrera más persistente suele ser menos visible, pero ciertamente condicionante. A las dificultades asociadas al bienestar emocional, la ansiedad, la depresión o determinados trastornos mentales se suman con frecuencia el estigma, el miedo al juicio ajeno, los diagnósticos tardíos y la falta de continuidad en el apoyo.

Por ende, el entorno no solo puede fallar en ofrecer atención adecuada, sino también en generar condiciones de seguridad, confianza y acompañamiento sostenido. La consecuencia es que muchas personas no solo conviven con su malestar, sino también con sistemas que no siempre están preparados para responder a él sin reforzar la exclusión[23].

Allí donde la sociedad no adapta, no traduce, no anticipa o no acompaña, surgen barreras que limitan la autonomía y la participación. Y precisamente por eso, cualquier avance serio en accesibilidad exige mirar no solo a la condición de la persona, sino también a la arquitectura del mundo que la rodea.

El papel de la inversión y las políticas de apoyo

España cuenta con un sistema de apoyo, financiación pública y políticas de inclusión enmarcadas en torno a la Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia, conocida como Ley de Dependencia.

Esta norma ha introducido un cambio en el sistema de protección social al reconocer la atención a la dependencia como un derecho de ciudadanía, estableciendo un sistema público destinado a garantizar apoyos a las personas que necesitan ayuda para realizar actividades básicas de la vida diaria[24].

A partir de esta ley, el Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia (SAAD), coordina la actuación del Estado y de las comunidades autónomas para ofrecer servicios y prestaciones económicas orientadas a promover la autonomía personal.

En términos de inversión, el sistema de dependencia constituye uno de los principales pilares del apoyo público a las personas con discapacidad en España. En 2023, el gasto público destinado a este ámbito superó los 11.500 millones de euros, lo que representa un crecimiento significativo en los últimos años[25][26].

Esta financiación procede tanto de la Administración General del Estado como de las comunidades autónomas, responsables de la gestión directa de los servicios. Además de su impacto social, este sistema tiene también una dimensión económica relevante: el sector de los cuidados y la atención a la dependencia genera cerca de 700.000 empleos, alrededor del 3,2% del empleo total del país[27].

El marco regulatorio también está influido por la normativa europea en materia de accesibilidad. La European Accessibility Act, que entró en vigor en 2025, establece la obligación de que determinados productos y servicios digitales (incluyendo comercio electrónico, plataformas digitales o servicios tecnológicos) sean accesibles para las personas con discapacidad en toda la Unión Europea[28][29].

Este marco se apoya en estándares técnicos como la norma EN 301 549, que define los requisitos de accesibilidad para tecnologías de la información y la comunicación y se alinea con las directrices internacionales de accesibilidad web[30].

Junto al sector público, el ecosistema de apoyo a la discapacidad en España se completa con un tejido muy activo de organizaciones sociales y fundaciones. Entidades como el CERMI[31], el Grupo Social ONCE[32], o la Fundación CERMI Mujeres desempeñan un papel clave en la defensa de derechos, la financiación de proyectos y la promoción de la inclusión social y laboral.

Solo la Fundación ONCE, por ejemplo, moviliza cada año decenas de millones de euros en proyectos vinculados al empleo, la formación y la accesibilidad[33].

A este entramado institucional se suma una amplia red de asociaciones especializadas que representan a distintos colectivos, como COCEMFE en el ámbito de la discapacidad física y orgánica, Plena Inclusión para la discapacidad intelectual, CNSE y FIAPAS en el ámbito de la discapacidad auditiva, Autismo España, DOWN España, ASPACE o FEDER, entre otras.

Estas organizaciones desempeñan un papel fundamental en la investigación, la innovación social y la incidencia política para mejorar las condiciones de vida de las personas con discapacidad[34].

El poder de la IA aplicada a la inclusividad

Si las barreras se originan en el entorno físico, social, institucional o digital, entonces las soluciones deben encontrarse en la transformación de ese mismo entorno. En los últimos años, la inteligencia artificial ha comenzado a desempeñar un papel cada vez más relevante en este proceso.

Gracias a su capacidad para interpretar grandes volúmenes de información, reconocer patrones en imágenes, voz o lenguaje y adaptar sistemas a las necesidades de cada usuario, la IA permite rediseñar la forma en que las personas interactúan con el mundo que les rodea.

En lugar de centrarse únicamente en apoyar una limitación individual, muchas de estas tecnologías actúan como sistemas de mediación: traducen información del entorno, amplifican capacidades humanas o adaptan interfaces para hacerlas más accesibles.

Por ello, están surgiendo numerosas soluciones basadas en IA orientadas a mejorar la independencia, la inclusión social y la participación plena de las personas con discapacidad. Algunas se centran en facilitar la movilidad, otras en traducir información visual o sonora, y otras en mejorar la comunicación o el acceso a servicios de salud. Estas innovaciones muestran cómo la tecnología puede convertirse en una herramienta disruptiva para reducir barreras históricas.

IA para discapacidades físicas: innovación en movilidad funcional y rehabilitación

En el ámbito de las discapacidades físicas, muchas de las limitaciones cotidianas están relacionadas con la movilidad y la interacción con el entorno. En este campo, la IA se está aplicando principalmente en robótica asistencial, incluyendo exoesqueletos, sillas de ruedas inteligentes o interfaces que permiten controlar el entorno mediante voz u otros sistemas. Estas tecnologías buscan restaurar o ampliar funciones motoras, reducir el esfuerzo físico y facilitar una vida más independiente.

Exoesqueletos de Marsi Bionics para PCD física funcional

Uno de los ejemplos más representativos en España es el trabajo de la empresa Marsi Bionics, fundada por la ingeniera y doctora en robótica Elena García Armada, creadora del primer exoesqueleto pediátrico del mundo destinado a niños con enfermedades neuromusculares.

La idea surgió a partir de un caso concreto, una niña que había perdido la capacidad de caminar tras un accidente de tráfico. Sus padres acudieron a la investigadora en busca de una posible solución. En ese momento, García Armada trabajaba en robótica industrial en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) [35].

Hasta entonces, gran parte de la tecnología robótica aplicada a la movilidad estaba diseñada para adultos. No existían dispositivos pensados específicamente para niños que nunca habían podido caminar o que habían perdido la capacidad de hacerlo. A partir de esa necesidad nació el proyecto de desarrollar un exoesqueleto pediátrico capaz de devolver a estos niños la posibilidad de ponerse en pie, explorar su entorno y participar activamente en la vida cotidiana[36].

El resultado de ese trabajo fue ATLAS 2030, considerado el primer exoesqueleto pediátrico de suelo diseñado específicamente para asistir la marcha en niños con enfermedades neurológicas y neuromusculares.

El dispositivo funciona como una estructura robótica externa que se ajusta al cuerpo del niño desde el tronco hasta los pies, actuando como un pantalón mecánico que proporciona soporte y movilidad. Está compuesto por ocho articulaciones activas que permiten reproducir el movimiento natural de la marcha y desplazarse tanto hacia delante como hacia atrás.

Fuente: CSIC

El sistema puede adaptarse fácilmente al crecimiento del niño, ajustando sus dimensiones y configuraciones según las necesidades de cada paciente. Además, incorpora un marco auxiliar que proporciona estabilidad durante el uso y permite al terapeuta interactuar directamente con el niño durante la rehabilitación[37].

Más allá de su diseño mecánico, el funcionamiento del exoesqueleto se basa en sistemas avanzados de control y sensorización que permiten interpretar la intención de movimiento del usuario. Una red de sensores mide continuamente variables como la presión ejercida por el cuerpo, el ángulo de las articulaciones o el patrón de marcha. A partir de estos datos, los algoritmos de control ajustan en tiempo real la respuesta del dispositivo, adaptándose a la fuerza, la fatiga o las limitaciones motoras del niño.

Aunque tradicionalmente se etiqueta como robótica avanzada, esta capacidad de interpretar patrones de movimiento y responder de forma adaptativa en tiempo real se basa en sistemas avanzados y modelos algorítmicos de IA que imitan el funcionamiento de los músculos naturales. La tecnología patentada por la empresa, conocida como ARES, utiliza articulaciones activas con rigidez variable que permiten ajustar dinámicamente la asistencia proporcionada al usuario[38].

Fuente: Marsi Bionics

Desde el punto de vista clínico, el uso prolongado del exoesqueleto puede ayudar a mejorar la fuerza muscular, ampliar el rango articular y prevenir complicaciones musculoesqueléticas asociadas a enfermedades neuromusculares, además de contribuir a mejorar la función respiratoria o reducir contracturas[39].

Sin embargo, uno de los efectos más significativos se observa en el plano social y emocional. Para muchos niños que nunca han podido caminar, ponerse en pie por primera vez y desplazarse de forma autónoma cambia radicalmente su forma de relacionarse con el entorno.

Poder moverse, explorar espacios, jugar con otros niños o interactuar a la misma altura que sus compañeros tiene un impacto directo en su autoestima, motivación y desarrollo social.

Sobre esa base, Marsi Bionics ha desarrollado también EXPLORER MB, un exoesqueleto pediátrico diseñado para el uso cotidiano fuera del entorno clínico. A diferencia de los dispositivos utilizados exclusivamente en rehabilitación hospitalaria, este modelo está pensado para que los niños puedan caminar en espacios habituales como el colegio, el parque o la calle, favoreciendo su integración social y su libertad.

Fuente: Marsi Bionics

Estos dispositivos pueden adaptarse al crecimiento del niño y utilizarse en un rango aproximado de edad que va desde los dos hasta los diecisiete años. El objetivo es acompañar el desarrollo del usuario durante etapas clave de su vida, proporcionando no solo asistencia física, sino también oportunidades de participación e inclusión[40].

Fuente: Marsi Bionics

El objetivo de estas tecnologías puede resumirse en tres dimensiones: En primer lugar, un impacto clínico, al contribuir a mejorar la condición física y prevenir complicaciones asociadas a determinadas enfermedades neuromusculares. En segundo lugar, un impacto social, al facilitar la participación en entornos educativos y comunitarios. Y, finalmente, un impacto emocional, al reforzar la autosuficiencia, la confianza y la motivación de los niños que utilizan estos dispositivos.

En última instancia, iniciativas como la de Marsi Bionics muestran cómo la inteligencia artificial y la robótica pueden transformar profundamente la relación entre las personas con discapacidad y su entorno. Más que sustituir las capacidades humanas, estas tecnologías actúan como extensiones del cuerpo, permitiendo recuperar funciones, ampliar posibilidades y abrir nuevas oportunidades de inclusión[41].

IA para discapacidades sensoriales: la superación de las barreras de comunicación y percepción

En el caso de las discapacidades sensoriales, muchas de las barreras se originan en la forma en que la información del entorno está diseñada para ser percibida. Gran parte de los sistemas sociales, educativos o tecnológicos se apoyan en canales sensoriales específicos que no siempre resultan accesibles para todas las personas.

En los últimos años, la IA ha comenzado a transformar este panorama mediante tecnologías capaces de interpretar imágenes, reconocer voz o traducir información sensorial de un formato a otro.

Sistemas basados en visión por computador, modelos de lenguaje y aprendizaje automático permiten que la información visual pueda convertirse en audio, o que los sonidos del entorno puedan transformarse en alertas visuales o texto.

Dispositivos de visión OrCam para las PCD visual

Uno de los ejemplos más representativos de este tipo de tecnología es OrCam MyEye, considerado uno de los dispositivos de referencia a nivel mundial para personas con discapacidad visual.

Desarrollado por la empresa israelí OrCam, este sistema utiliza inteligencia artificial y visión por computador para interpretar información visual del entorno y transformarla en información auditiva comprensible para el usuario.

El dispositivo se presenta como una pequeña cámara inteligente que puede acoplarse a prácticamente cualquier tipo de gafas, lo que permite utilizarlo de manera discreta en la vida cotidiana.

Su funcionamiento se basa en un sensor óptico avanzado capaz de capturar imágenes del entorno en tiempo real. A partir de estas imágenes, los algoritmos analizan diferentes elementos (texto, objetos, rostros o señales) y comunican la información al usuario mediante audio. Todo este proceso se realiza directamente en el dispositivo, sin necesidad de conexión permanente a internet[42].

Una de las funciones más utilizadas del sistema es la lectura instantánea de texto. El dispositivo puede identificar y leer en voz alta información procedente de múltiples fuentes, como libros, menús de restaurantes o pantallas digitales.

De este modo, tareas como revisar un documento o consultar una señal se vuelven accesibles sin necesidad de asistencia externa.

Además de reconocer texto, el sistema puede identificar rostros previamente registrados, reconocer productos o incluso diferenciar colores y billetes de banco. Estas funciones permiten a los usuarios desenvolverse con mayor autonomía en actividades como hacer la compra, organizar su ropa o reconocer a personas en su entorno social.

El dispositivo puede activarse mediante gestos o comandos de voz a través del sistema “Hey OrCam”, donde el usuario puede solicitar funciones específicas de forma completamente manos libres, lo que facilita su uso en situaciones cotidianas.

El impacto de esta tecnología ha sido ampliamente reconocido. En 2019, la revista TIME incluyó OrCam MyEye en su lista de los mejores inventos del año, destacando su capacidad para transformar la forma en que las personas con discapacidad visual interactúan con su entorno[43].

Fuente: OrCam

Además del dispositivo MyEye, la empresa ha desarrollado otras soluciones orientadas específicamente al acceso a la lectura. Entre ellas destaca OrCam Read, un dispositivo portátil diseñado para personas con baja visión o con dificultades para leer grandes volúmenes de texto.

Este sistema utiliza reconocimiento óptico de caracteres (OCR) basado en inteligencia artificial para capturar texto impreso o digital y leerlo en voz alta de manera inmediata. A diferencia de los lectores tradicionales, el dispositivo puede interpretar texto procedente de múltiples superficies, incluyendo libros, documentos impresos, pantallas de ordenador o teléfonos móviles.

Fuente: OrCam

Gracias a esta tecnología, los usuarios pueden acceder de forma autónoma a contenidos escritos como artículos, correos electrónicos, documentos de trabajo o libros. En versiones más recientes, como OrCam Read 3, el sistema puede utilizarse también en formato estacionario mediante un soporte que transforma el dispositivo en un lector de sobremesa.

Además de leer texto, el sistema permite ampliar contenidos visuales, modificar contrastes o cambiar colores de fondo, facilitando la lectura a personas con distintos niveles de visión residual. La navegación puede realizarse mediante comandos de voz o gestos intuitivos, adaptándose a las preferencias de cada usuario[44].

Fuente: OrCam

El impacto de estas tecnologías no es restaurar la visión, sino traducir la información visual en un formato accesible que permita a las personas interactuar con su entorno con mayor independencia.

Al convertir texto, imágenes u objetos en información auditiva en tiempo real, estos dispositivos reducen significativamente la dependencia de terceros en tareas cotidianas como leer correspondencia, identificar productos o acceder a información pública.

El uso de este tipo de herramientas puede, finalmente, mejorar la participación en actividades de la vida diaria, reduciendo además la carga cognitiva asociada a la navegación por entornos visuales complejos.

Soluciones de IA de Visualfy para las PCD auditiva

Para muchas personas sordas o con pérdida auditiva, una parte importante de la información del entorno se transmite a través de sonidos que no siempre pueden percibirse directamente.

Cuando estos mensajes se emiten únicamente en formato sonoro, pueden generar situaciones de dependencia o exclusión en espacios públicos, en el hogar o en entornos laborales.

La IA está permitiendo desarrollar sistemas capaces de interpretar sonidos del entorno y traducirlos a formatos visuales o textuales, facilitando así una comunicación más accesible. Entre los proyectos más destacados en este ámbito se encuentra Visualfy, una empresa española que desarrolla soluciones tecnológicas orientadas a mejorar la accesibilidad auditiva tanto para personas con pérdida auditiva como para instituciones que desean adaptar sus espacios y servicios[45].

La tecnología de Visualfy se articula a través de diferentes herramientas diseñadas para adaptarse a distintos contextos de uso:

La principal puerta de entrada es Visualfy Mobile, una aplicación móvil que actúa como centro de control para los distintos servicios de accesibilidad. A través de ella, los usuarios pueden recibir alertas sobre sonidos relevantes y configurar cómo desean percibir cada tipo de aviso, ya sea mediante notificaciones visuales, vibraciones o señales luminosas.

Fuente: Visualfy

Uno de los desarrollos más relevantes es Visualfy Connect, un sistema de transcripción automática de voz disponible en más de cien idiomas, incluyendo los cuatro idiomas oficiales de España: castellano, catalán, euskera y gallego. Esta herramienta permite convertir conversaciones habladas en texto en tiempo real, facilitando la comunicación en contextos cotidianos.

Aunque no sustituye a un intérprete profesional de lengua de signos ni a otras tecnologías de accesibilidad, puede resultar especialmente útil en situaciones donde estas herramientas no están disponibles[46].

También han desarrollado soluciones orientadas a la accesibilidad del entorno. Por ejemplo, Visualfy Home, aun en desarrollo,que permitirá detectar sonidos dentro del hogar (como timbres, alarmas o avisos domésticos) y convertirlos en alertas visuales que aparecen en el teléfono móvil o en dispositivos conectados[47].

En espacios públicos o institucionales, la empresa ofrece Visualfy Places, una solución diseñada para adaptar edificios y servicios a las necesidades de personas con pérdida auditiva. En estos entornos, los avisos sonoros también se transforman en notificaciones visuales que pueden recibirse directamente en los dispositivos personales del usuario.

El sistema también permite clasificar las alertas según su nivel de prioridad. Por ejemplo, las notificaciones más críticas pueden incluir alarmas de incendio, gas o emergencias, mientras que otras alertas pueden corresponder a llamadas telefónicas, avisos de interfono o recordatorios personalizados[48].

Fuente: Visualfy

Soluciones como las desarrolladas por Visualfy buscan precisamente reducir esa brecha transformando la información sonora en formatos accesibles, permitiendo que las personas sordas o con pérdida auditiva puedan percibir y responder a su entorno de manera más autónoma. De esta forma, la inteligencia artificial actúa nuevamente como una tecnología de mediación: un sistema capaz de escuchar el entorno, interpretar su significado y traducirlo a un lenguaje sensorial diferente.

IA para discapacidades intelectuales y del desarrollo: el derecho a entender y la accesibilidad cognitiva

En las discapacidades intelectuales y del desarrollo, muchas de las barreras se encuentran en la forma en que la información, las normas sociales o la comunicación están estructuradas. Comprender instrucciones complejas, interpretar matices en el lenguaje o desenvolverse en interacciones sociales basadas en códigos implícitos puede resultar especialmente desafiante cuando los sistemas educativos, administrativos o laborales no contemplan diferentes formas de procesamiento cognitivo.

Por esta razón, uno de los ámbitos emergentes de innovación tecnológica se centra en la accesibilidad cognitiva: el desarrollo de herramientas que faciliten la comprensión de la información, apoyen habilidades adaptativas o ayuden a mejorar la comunicación interpersonal.

Una de las propuestas más innovadoras en este ámbito es NeuroBridge, una plataforma interactiva diseñada para mejorar la comunicación entre personas autistas y personas neurotípicas.

El punto de partida de esta herramienta se encuentra en la idea conocida como “double empathy problem” o “problema de la doble empatía”. Este concepto plantea que muchas de las dificultades comunicativas entre personas autistas y neurotípicas no se deben únicamente a una falta de habilidades sociales por parte de las personas autistas, sino a malentendidos recíprocos entre dos formas diferentes de percibir e interpretar la comunicación[49].

A pesar de esta evidencia, gran parte de las intervenciones históricas se han centrado casi exclusivamente en enseñar a las personas autistas a adaptarse a normas sociales dominantes, mientras que los esfuerzos dirigidos a que las personas neurotípicas comprendan mejor la comunicación autista han sido mucho más limitados.

NeuroBridge propone invertir parcialmente esta lógica. En lugar de centrarse únicamente en adaptar a la persona autista al entorno, la plataforma busca entrenar a las personas neurotípicas para comprender mejor los estilos de comunicación asociados al espectro autista.

La herramienta utiliza modelos de lenguaje basados en IA para simular interacciones sociales realistas entre usuarios y un personaje virtual diseñado para representar estilos de comunicación comunes en personas autistas.

La interfaz se inspira en aplicaciones de mensajería habituales, lo que facilita su uso y hace que la experiencia resulte familiar para el usuario. En cada conversación, el sistema presenta un escenario social específico (como una interacción cotidiana, una conversación informal o una solicitud de ayuda) en el que el usuario debe comunicarse con el personaje virtual.

Este personaje utiliza un estilo de comunicación más literal, directo y menos dependiente de insinuaciones o normas sociales implícitas, características que suelen aparecer en muchas formas de comunicación dentro del espectro autista.

Durante la interacción, el sistema analiza las respuestas del usuario y ofrece diferentes opciones de reformulación del mensaje, que pueden variar en tono, claridad o estructura. De este modo, el usuario puede experimentar cómo pequeños cambios en la forma de expresar una idea pueden influir en la comprensión del interlocutor.

Además, la plataforma proporciona retroalimentación personalizada sobre la interacción, señalando posibles malentendidos y ofreciendo sugerencias para mejorar la comunicación. Este proceso permite reflexionar sobre cómo ciertos hábitos comunicativos, como el uso de ironía, ambigüedad o implicaciones indirectas, pueden generar confusión en contextos de neurodiversidad[50].

Fuente: ACM

El funcionamiento de NeuroBridge se basa en sistemas capaces de generar escenarios conversacionales dinámicos y adaptarse a las características de cada usuario. Durante el registro inicial, la plataforma recopila información básica que permite configurar experiencias de aprendizaje personalizadas.

A partir de estos datos, el sistema genera situaciones sociales adaptadas al perfil del usuario, creando conversaciones que resulten relevantes y comprensibles. Este enfoque permite que la herramienta funcione como un entorno de entrenamiento interactivo donde los usuarios pueden practicar habilidades comunicativas en un contexto seguro.

La plataforma incorpora también mecanismos de aprendizaje continuo, lo que permite mejorar progresivamente la precisión de las interacciones y ajustar las recomendaciones de comunicación a medida que se recopilan nuevos datos de uso.

Los primeros estudios de evaluación de la plataforma muestran resultados prometedores y, tras utilizarla, muchos participantes reportaron una mayor comprensión de cómo las personas autistas pueden interpretar el lenguaje de forma diferente.

En lugar de percibir el autismo únicamente como una dificultad individual, los usuarios comenzaron a entenderlo como una diferencia en los estilos de comunicación que requiere comprensión mutua.

La naturaleza interactiva de la herramienta fue especialmente valorada por los participantes, que destacaron que el formato de simulación permitía experimentar situaciones comunicativas de forma más práctica que los recursos educativos tradicionales[51].

IA para discapacidades mentales y psicosociales: neurodiversidad, salud mental y el futuro del acceso al cuidado

Las discapacidades mentales o psicosociales abarcan una amplia variedad de condiciones que afectan al funcionamiento emocional, psicológico o conductual de las personas, como la depresión, los trastornos de ansiedad, el trastorno bipolar o la esquizofrenia.

La inteligencia artificial está comenzando a desempeñar un papel creciente en el desarrollo de herramientas digitales de apoyo psicológico, capaces de ampliar el acceso a intervenciones terapéuticas y ofrecer acompañamiento continuo. Entre estas soluciones se encuentran chatbots clínicos, sistemas de seguimiento emocional y plataformas que aplican principios de terapias cognitivo-conductuales de forma digital.

Una de las soluciones más avanzadas en este ámbito es Limbic, una plataforma de IA clínica diseñada para apoyar servicios de salud mental y facilitar el acceso al tratamiento[52].

Limbic ha sido desarrollada como una plataforma de apoyo para sistemas sanitarios y servicios psicológicos, con el objetivo de mejorar el acceso al diagnóstico y al tratamiento de trastornos mentales comunes como la ansiedad o la depresión.

Su principal componente del sistema es Limbic Access, un asistente conversacional que actúa como punto de entrada digital para los pacientes. A través de una conversación guiada, el sistema recopila información sobre los síntomas, el estado emocional y el contexto personal del usuario.

Fuente: Limbic AI

A diferencia de los formularios tradicionales de evaluación clínica, este proceso se desarrolla mediante una interacción conversacional que permite al sistema profundizar progresivamente en la información relevante. Los algoritmos de Limbic analizan las respuestas del usuario utilizando modelos probabilísticos que identifican patrones asociados a distintos trastornos mentales.

A partir de esta información, el sistema genera una evaluación clínica preliminar que incluye niveles de riesgo, síntomas principales y posibles diagnósticos, proporcionando a los profesionales sanitarios un informe estructurado antes de la primera consulta[53].

Actualmente, el sistema puede identificar síntomas asociados a ocho trastornos mentales comunes con una precisión cercana al 93%, y permite reducir aproximadamente a la mitad el tiempo necesario para realizar una evaluación inicial.

En la práctica clínica, esto significa que los profesionales pueden dedicar más tiempo a la intervención terapéutica y menos a tareas administrativas[54].

Fuente: Limbic AI

Además de facilitar el acceso inicial, la plataforma incluye una herramienta diseñada para apoyar a los pacientes durante el proceso terapéutico. Limbic Care, es una aplicación móvil que funciona como un acompañamiento digital entre sesiones de terapia.

Este sistema se basa en principios de terapia cognitivo-conductual (TCC) y utiliza IA para guiar al usuario a través de ejercicios diseñados para identificar pensamientos, emociones y comportamientos asociados a su estado mental.

A diferencia de los métodos tradicionales utilizados en terapia, la interacción se realiza mediante conversaciones guiadas, lo que hace que la experiencia resulte más dinámica y accesible.

La aplicación permite a los pacientes de los centros registrar su estado emocional, realizar actividades terapéuticas personalizadas y acceder a apoyo conversacional cuando lo necesiten. Este enfoque busca reforzar la continuidad del tratamiento y evitar que el progreso logrado en las sesiones se pierda en los intervalos entre consultas.

Los resultados reportados por la plataforma indican que el uso de este tipo de herramientas puede mejorar significativamente la adherencia al tratamiento. En algunos casos se ha observado una reducción del abandono terapéutico cercana al 23%, así como una disminución del número de sesiones necesarias para alcanzar resultados clínicos positivos[55].

Fuente: Limbic AI

De esta forma, los sistemas basados en inteligencia artificial pueden ofrecer acceso continuo a apoyo psicológico, independientemente de los horarios o la disponibilidad inmediata de profesionales.

Además, las interacciones digitales pueden ayudar a reducir el impacto del estigma asociado a los trastornos mentales. Algunos estudios realizados con usuarios de estas plataformas indican que muchas personas se sienten más cómodas compartiendo experiencias personales en un entorno digital que perciben como menos juzgador.

Este efecto parece ser particularmente significativo en grupos que tradicionalmente han experimentado mayores barreras de acceso a la atención en salud mental. En algunos programas piloto, por ejemplo, se oberva un aumento notable en las derivaciones a tratamiento entre personas de minorías étnicas y comunidades con identidades de género diversas[56].

La IA que rompe barreras: hacia una sociedad mas inclusiva

La discapacidad no es únicamente una condición individual, sino el resultado de la interacción entre las capacidades de una persona y el entorno en el que vive. Desde esta perspectiva, muchas de las limitaciones que experimentan las personas con discapacidad se originan en barreras físicas, sociales, institucionales o tecnológicas que dificultan su participación plena en la sociedad.

Sistemas de visión artificial que convierten información visual en audio, plataformas que transforman sonidos en señales visuales, exoesqueletos robóticos que amplían la movilidad o herramientas conversacionales que facilitan el acceso a apoyo psicológico ilustran cómo la tecnología puede traducir, amplificar o reinterpretar la información del entorno para hacerla accesible.

Este tipo de soluciones no solo mejora capacidades funcionales, sino que también refuerza el empoderamiento personal, ampliando las posibilidades de participación de las personas con discapacidad en la vida educativa, laboral y comunitaria.

Al mismo tiempo, su naturaleza digital permite desplegarlas a gran escala, integrarlas en dispositivos cotidianos y adaptarlas a distintos contextos culturales o lingüísticos, lo que abre oportunidades especialmente relevantes en regiones con menor disponibilidad de infraestructuras o profesionales especializados.

También permite desarrollar soluciones más personalizadas, adaptadas a las necesidades específicas de cada persona. Esta capacidad resulta especialmente valiosa en un ámbito donde la diversidad de situaciones y necesidades dificulta la aplicación de enfoques estandarizados.

Más allá, estas tecnologías pueden contribuir a transformar percepciones sociales, facilitando una mayor participación de las personas con discapacidad en distintos ámbitos de la vida pública y ayudando a visibilizar la diversidad funcional como una parte natural de la sociedad.

No obstante, el impacto de estas innovaciones depende en gran medida del ecosistema que las rodea. Las políticas públicas de accesibilidad, los marcos regulatorios, la inversión en innovación y la colaboración entre administraciones, empresas y organizaciones sociales son factores clave para que estas soluciones puedan desarrollarse y llegar de forma efectiva a quienes las necesitan.

Por lo tanto, la IA no constituye una solución única para los desafíos asociados a la discapacidad. Pero, cuando se combina con un enfoque de diseño inclusivo y con políticas públicas adecuadas, puede convertirse en una de las herramientas más poderosas para reducir barreras, ampliar oportunidades y construir entornos más accesibles para todos.

Referencias:


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