La IA al volante: el coche piensa, pero el conductor decide
España avanza hacia la automatización con prudencia y debate sobre responsabilidad y confianza. Aunque la tecnología ya previene errores humanos y los sistemas inteligentes reducen…
Universidades españolas incorporan detectores de radiofrecuencia para prevenir el uso de tecnología en la última Prueba de Acceso a la Universidad. Los nuevos sistemas detectan señales inalámbricas y reducen los intentos de fraude académico

En junio, cerca de 300.000 estudiantes se enfrentaron a la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU) en España bajo una vigilancia inédita. La irrupción de la inteligencia artificial generativa ha transformado el concepto de fraude académico y ha obligado a las universidades a reforzar sus sistemas de control.
En algunas sedes, junto a los vigilantes tradicionales, se desplegaron detectores de radiofrecuencia capaces de identificar señales de WiFi, Bluetooth o redes móviles. Su objetivo: prevenir el uso de dispositivos no autorizados durante las pruebas.
La clásica chuleta en papel ha sido sustituida por auriculares invisibles, relojes inteligentes y gafas conectadas capaces de enviar preguntas y recibir respuestas en tiempo real. La tecnología se ha convertido en protagonista de ambos lados del examen: en el fraude y en la defensa.
La IA ha multiplicado las posibilidades de copiar. Los pinganillos de nueva generación, del tamaño de un grano de arroz, los bolígrafos digitalizadores y las gafas inteligentes permiten transmitir imágenes y recibir información instantánea.
Responsables universitarios reconocen que cada año se detectan casos de estudiantes que utilizan estos dispositivos durante la PAU, con sanciones que implican la expulsión inmediata. La novedad no está solo en la sofisticación, sino en la accesibilidad: herramientas que hace pocos años eran exclusivas o costosas hoy se venden en internet a precios asequibles, facilitando nuevas formas de fraude apoyadas en la conectividad y la IA.
Para contrarrestar estas prácticas, varias universidades españolas han incorporado detectores de radiofrecuencia que identifican señales inalámbricas sospechosas. No bloquean las comunicaciones, ya que sería ilegal, pero alertan a los vigilantes cuando detectan emisiones anómalas.
Pequeños, discretos y de bajo coste, estos dispositivos tienen un efecto principalmente disuasorio. Según responsables universitarios que los usan desde 2025, su función es reducir las tentativas de fraude más que descubrir infracciones.
Durante la PAU 2026, comunidades como Aragón, Andalucía, Galicia, Cantabria, Comunidad Valenciana, Baleares y Canarias adoptaron esta medida. Los primeros resultados apuntan a una disminución de los intentos de copia y a una mayor sensación de control en las aulas.
En Aragón, la Universidad de Zaragoza estrenó los detectores en uno de sus doce tribunales de examen, comenzando por la prueba de Lengua Castellana y Literatura. La institución subrayó el carácter preventivo y disuasorio de la medida: no se trata de fiscalizar, sino de proteger el entorno de examen. El primer control concluyó sin incidencias. No se detectó ningún uso de tecnología fraudulenta. La universidad planea ampliar el despliegue en futuras convocatorias, consolidando la tecnología como aliada de la integridad académica.