Usar la IA no es lo mismo que dominarla: solo uno de cada diez españoles se considera experto

El Observatorio IAON revela que la inteligencia artificial se populariza, pero la alfabetización digital avanza más despacio que la adopción. La sociedad pasa de la curiosidad tecnológica a la exigencia crítica en el uso de herramientas inteligentes

España ya ha superado la fase de descubrimiento de la inteligencia artificial. Según el Observatorio Anual IAON 2026, casi 7 de cada 10 españoles han utilizado IA en el último año. El acceso está resuelto; la novedad, agotada.

Pero el dato que realmente cambia la conversación es otro: solo uno de cada diez se considera usuario avanzado. Es decir, la mayoría usa IA, pero pocos sienten que la dominan. La brecha ya no es tecnológica, sino de aprovechamiento. No hace falta más gente usando IA: hace falta que la use mejor.

¿Por qué ‘usar mucho’ no equivale a ‘dominar’?

A primera vista, parece contradictorio que el uso masivo no se traduzca en competencia. En realidad, es una señal de madurez. La sociedad ha pasado de la curiosidad tecnológica a la exigencia crítica.

Cuanto más se usa una herramienta, más consciente se vuelve el usuario de lo que aún no sabe hacer con ella. La OCDE define la alfabetización en IA como la capacidad de interactuar, gestionar y evaluar críticamente la tecnología. Bajo ese criterio, la mayoría se sitúa en niveles básicos o intermedios: se sabe usar el chat, pero no auditar lo que el chat responde.

El problema no es la falta de uso, sino la falta de criterio. La adopción fue más rápida que el aprendizaje para juzgar la fiabilidad de las respuestas. Esa diferencia de ritmo es la brecha entre usar y aprovechar.

La ‘falsa familiaridad’

El economista del comportamiento Diego Valero, entrevistado en el Observatorio y miembro del comité de expertos de IAON, identifica dos sesgos clave:

  • Ilusión de control: cuanto más sencilla parece una herramienta, más creemos dominarla.
  • Exceso de confianza: crece porque las primeras veces suelen salir bien.

La IA generativa amplifica ambos. Sus errores son silenciosos: una respuesta incorrecta llega redactada con la misma fluidez y seguridad que una acertada. Una hoja de cálculo avisa cuando falla una fórmula, pero un chatbot no avisa cuando se equivoca.

Por eso, cuanto más convincente suena una respuesta, menos ganas tenemos de comprobarla. La falsa familiaridad se instala justo donde resulta más peligrosa: en el uso cotidiano y aparentemente rutinario.

El grupo más numeroso, los usuarios intermedios, es el más vulnerable: tiene experiencia suficiente para sentirse cómodo, pero no para detectar sus propios errores. Como resume Valero, “la adopción de la IA se mide en meses; la alfabetización, en años.”

¿Qué significa esto?

El mensaje del Observatorio es claro: la próxima ventaja no vendrá de usar más la IA, sino de usarla con más criterio. El uso repetido, sin aprendizaje crítico, refuerza la ilusión de dominio. La clave está en desarrollar el reflejo que distingue a los usuarios competentes: seguir utilizando la IA, pero sin dejar de cuestionar si la respuesta merece la confianza que le damos.

Cerrar esta brecha no depende de nuevas herramientas, sino de educación digital y pensamiento crítico. Dominar la IA no es saber pedirle cosas, sino saber evaluar lo que devuelve.

Conceptos clave

  • Alfabetización en IA: conjunto de conocimientos y actitudes para usar y evaluar críticamente la IA.
  • Falsa familiaridad: confundir la frecuencia de uso con el dominio real.
  • Ilusión de control: creer que controlamos mejor lo que nos resulta sencillo.
  • Error silencioso: fallo que pasa inadvertido porque la respuesta parece correcta.