¿Contrataría a un agente de IA como empleado?

Más de la mitad de las organizaciones experimenta con ellos, aunque solo el 3,8% ha conseguido implantarlos a escala, ante la necesidad de formar a sus equipos y dudas sobre la gobernanza. Los agentes prometen automatizar procesos completos, pero la supervisión y el retorno económico siguen siendo grandes desafíos

Durante los últimos años, los asistentes de inteligencia artificial se han convertido en herramientas habituales para redactar textos, resumir documentos o responder preguntas. Sin embargo, una nueva generación de sistemas promete ir mucho más lejos. Los llamados agentes de IA no esperan instrucciones paso a paso. Reciben un objetivo y ejecutan una secuencia de acciones para alcanzarlo: consultar bases de datos, acceder a aplicaciones corporativas, clasificar documentación, gestionar procesos administrativos o responder a clientes. En teoría, funcionan como un trabajador digital capaz de operar de manera autónoma durante horas.

Sin embargo, la realidad empresarial todavía se encuentra en una fase temprana. Aunque el interés es elevado, muy pocas organizaciones han conseguido convertir los pilotos en una implantación real a gran escala.

Muchas pruebas, pocas implantaciones

La diferencia entre experimentar y transformar una organización sigue siendo enorme. Según el Observatorio de Agentic AI en España e Iberoamérica 2026, elaborado por NTT DATA y CIONET a partir de 130 organizaciones, más de la mitad de las empresas ya está probando agentes de IA de alguna forma. Sin embargo, únicamente el 3,8% ha logrado desplegarlos de manera amplia dentro de su actividad diaria.

La situación más habitual no es la adopción masiva, sino la experimentación dispersa. El estudio apunta que un 59,2% de las organizaciones se encuentra todavía en una fase de pilotos limitados y casos de uso aislados.

Lo más llamativo es que el principal obstáculo no es tecnológico. El reto más mencionado por las empresas consiste en demostrar que la inversión genera beneficios económicos claros y medibles. Aproximadamente cuatro de cada diez señalan este aspecto como la principal barrera para avanzar.

Frente a la lenta implantación, algunos indicadores muestran que el interés por los agentes está creciendo con rapidez. Un informe de OpenAI Economic Research, basado en el comportamiento de clientes empresariales de la compañía en la Unión Europea, concluye que herramientas como Codex o ChatGPT Work generan ya más de la mitad del texto producido por esos clientes. Conviene interpretar estos datos con cautela: reflejan únicamente la actividad dentro del ecosistema de OpenAI y no representan el conjunto del mercado empresarial europeo.

En el caso español, el peso relativo de estos agentes sería menor que en otros países europeos, situándose alrededor del 30%, según cifras recogidas por diversos medios especializados a partir del informe. Sin embargo, la velocidad de crecimiento es significativa. Entre mayo y octubre, el número de usuarios semanales de agentes en pequeñas y medianas empresas españolas se habría multiplicado por 8,8, una evolución incluso superior a la media europea observada por el mismo proveedor. Más que una fotografía definitiva del mercado, estos datos apuntan a una tendencia: las organizaciones están explorando activamente la automatización basada en agentes.

La gran cuestión: ¿quién controla al agente?

La noticia más preocupante del estudio quizá no sea la baja implantación, sino la falta de mecanismos de supervisión. Según el observatorio de NTT DATA y CIONET mencionado anteriormente, el 80,8% de las organizaciones todavía no dispone de procedimientos operativos sólidos para controlar el grado de autonomía de sus agentes de IA. Solo un 6,9% afirma contar con un marco avanzado de gobernanza específico.

A ello se suma otro dato relevante: el 67% de las organizaciones ha formado en IA a menos del 30% de su plantilla. Por este motivo, algunos expertos recomiendan gestionar los agentes del mismo modo que se gestionaría una nueva incorporación a la empresa:

  • Definir claramente sus funciones.
  • Limitar los sistemas y datos a los que pueden acceder.
  • Establecer objetivos concretos.
  • Marcar niveles de autonomía.
  • Revisar periódicamente su desempeño.

La analogía es sencilla: si una organización no entregaría acceso ilimitado a un nuevo empleado desde el primer día, tampoco debería hacerlo con un agente de IA.

Del trabajo operativo a la supervisión

La llegada de los agentes no solo afecta a los procesos empresariales. También puede transformar la naturaleza del trabajo humano. Un estudio elaborado por MIOTI Tech & Business School a partir de encuestas a responsables de tecnología y recursos humanos apunta a una tendencia clara: siete de cada diez consideran que los profesionales dedicarán progresivamente menos tiempo a ejecutar tareas y más tiempo a supervisar cómo las ejecuta la IA.

La habilidad más valorada deja de ser únicamente hacer una tarea y pasa a ser:

  • Definir correctamente los objetivos.
  • Diseñar instrucciones eficaces.
  • Supervisar resultados.
  • Detectar errores.
  • Validar decisiones.

No obstante, este cambio genera inquietud. Entre las principales preocupaciones de los directivos destacan:

  • Las alucinaciones o errores de la IA.
  • La gestión de los datos utilizados.
  • La falta de trazabilidad y explicabilidad de las decisiones.

¿Por qué es importante para la sociedad?

  • Para quienes dirigen organizaciones. La prioridad no debería ser implantar agentes cuanto antes, sino hacerlo de forma controlada. Los expertos recomiendan empezar con procesos internos de bajo riesgo, establecer métricas desde el inicio y documentar claramente responsabilidades y límites.
  • Para los profesionales. El valor diferencial se desplaza cada vez más hacia el criterio. Saber utilizar un agente es importante; saber supervisarlo, identificar errores y asumir la responsabilidad final puede ser aún más relevante.
  • Para la regulación. Las tendencias actuales encajan con uno de los principios básicos del Reglamento Europeo de IA: la supervisión humana. La legislación refuerza la idea de que, incluso cuando una máquina ejecuta tareas de forma autónoma, debe existir una persona o una organización responsable de sus consecuencias.

¿Qué dicen realmente los datos?

El entusiasmo alrededor de los agentes de IA es evidente, pero los datos sugieren que todavía estamos en una fase de aprendizaje. La mayoría de las organizaciones están experimentando, probando casos de uso y tratando de medir resultados. Solo una pequeña minoría ha conseguido integrarlos de forma extensa en su actividad diaria. La gran incógnita ya no es si los agentes pueden realizar trabajo útil, sino cómo incorporarlos de manera segura, rentable y controlada. Quizá por eso la pregunta más importante no sea cuándo tendremos agentes de IA trabajando junto a nosotros, sino quién estará preparado para dirigirlos cuando lleguen.

Conceptos clave

  • Agente de IA: sistema capaz de ejecutar tareas de forma autónoma para alcanzar un objetivo determinado.
  • Piloto: prueba limitada que permite validar una tecnología antes de extenderla a toda la organización.
  • Gobernanza de IA: conjunto de normas, controles y responsabilidades que regulan el uso de la inteligencia artificial.
  • Supervisión humana: intervención de personas para revisar, validar o corregir las decisiones de la IA.
  • Alucinación: respuesta o acción aparentemente correcta que se basa en información errónea o inventada.