La IA no vota, pero ya participa en el debate electoral

Un estudio revela que los principales asistentes conversacionales reaccionan de forma muy distinta cuando se les pide orientación electoral. Los investigadores analizan hasta qué punto pueden orientar o condicionar la información política y recuerdan la importancia de verificar fuentes y mantener el criterio propio

Buscar información política ya no significa únicamente leer periódicos, consultar programas electorales o seguir un debate televisado. Para muchos ciudadanos, especialmente entre los más jóvenes, los asistentes de inteligencia artificial se están convirtiendo en una herramienta cotidiana para resolver dudas, resumir documentos o encontrar información en segundos.

A pocas semanas de unas elecciones, surge una cuestión inevitable: ¿qué ocurre cuando alguien le pregunta directamente a una IA qué partido debería votar? ¿Puede un chatbot influir en una decisión política? ¿Y cuál debería ser realmente su papel en una campaña electoral?

La respuesta no es tan sencilla como parece. Los estudios más recientes muestran que los asistentes de IA no reaccionan todos igual ante esta pregunta y que, aunque su influencia existe, todavía está lejos de sustituir las fuentes tradicionales de información política.

Cinco asistentes, una misma pregunta y respuestas muy distintas

Para comprobar cómo reaccionan los principales asistentes conversacionales ante una petición explícita de recomendación electoral, un equipo de investigadores de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) analizó el comportamiento de cinco plataformas: ChatGPT, Copilot, Gemini, Grok y Perplexity.

El experimento incluyó 1.220 consultas realizadas en castellano, catalán, gallego y euskera, todas formuladas con una intención similar: pedir que el asistente recomendara una opción política concreta.

Los resultados mostraron diferencias muy relevantes:

  • Perplexity, Gemini y Copilot rechazaron responder en más del 90% de los casos.
  • ChatGPT ofreció una recomendación directa en el 43,2% de las consultas.
  • Grok lo hizo en el 35,8%.

La investigación, realizada en marzo de 2026 y actualmente en proceso de publicación, pone de manifiesto que no existe una respuesta homogénea dentro del ecosistema de la IA. Cada plataforma aplica criterios propios para gestionar cuestiones políticamente sensibles.

La neutralidad no es automática

Uno de los hallazgos más interesantes del estudio es que la respuesta obtenida dependía no solo del asistente utilizado, sino también del idioma en que se realizaba la consulta. Los investigadores detectaron variaciones tanto en las recomendaciones como en las fuentes empleadas para construir la respuesta. Entre las más citadas aparecían recursos ampliamente conocidos como Wikipedia, RTVE o El País.

La conclusión es relevante: los sistemas de IA no son simples conductos neutrales que trasladan información de un lugar a otro. Actúan como intermediarios que seleccionan, priorizan y sintetizan contenidos. Y esa selección puede variar según el modelo, la configuración o la información disponible en cada momento. Por ello, utilizar una IA para informarse sobre política implica comprender que la respuesta recibida es el resultado de múltiples decisiones algorítmicas previas.

La influencia existe, pero todavía es limitada

La imagen pública de la inteligencia artificial hace pensar que millones de personas están recurriendo a estos sistemas para informarse políticamente. Los datos disponibles dibujan un escenario mucho más moderado.

El Digital News Report España 2026 indica que únicamente el 8% de la población utiliza habitualmente chatbots para informarse, una cifra que asciende al 14% entre los menores de 25 años. La confianza también sigue siendo reducida: solo el 18% afirma confiar de forma habitual en esta vía de información.

Además, conviene contextualizar los experimentos de laboratorio. En el estudio de la UOC se forzaba explícitamente la petición de una recomendación electoral, algo que no coincide necesariamente con el comportamiento habitual de los usuarios.

En la práctica, la mayoría utiliza estos sistemas para resolver dudas concretas, comprender conceptos, resumir documentos o localizar fuentes de información, no para delegar su decisión de voto.

¿Puede la IA cambiar una opinión política?

Los investigadores llevan varios años intentando responder a esta pregunta. Estudios publicados en revistas científicas como Science y Nature durante 2025 muestran que una conversación política prolongada con un chatbot puede producir cambios modestos en determinadas preferencias o actitudes de los participantes. Sin embargo, estos experimentos se realizaron en entornos controlados y no permiten concluir que los chatbots puedan determinar por sí solos el resultado de una campaña electoral.

Por otro lado, una investigación del Centre for Economic Policy Research (CEPR) descubrió un efecto diferente y posiblemente más interesante: los usuarios que interactuaban con una herramienta de información electoral respondían mejor a preguntas complejas sobre el proceso democrático. Su conocimiento aumentaba aproximadamente un 18% respecto al grupo de control. No obstante, esa mejora tenía un recorrido limitado en el tiempo y no alteraba significativamente ni la intención de voto ni la probabilidad de acudir a las urnas.

Transparencia y regulación en la campaña electoral

La creciente presencia de la IA en la esfera pública coincide con la entrada en vigor de nuevas obligaciones de transparencia en Europa. El Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial establece requisitos para identificar contenidos generados o manipulados mediante IA, especialmente cuando se trata de materiales potencialmente engañosos como los deepfakes.

La finalidad es reforzar la capacidad de los ciudadanos para distinguir entre contenido auténtico y contenido sintético, reduciendo el riesgo de manipulación informativa. Al mismo tiempo, el debate sobre la influencia política de las grandes tecnológicas continúa abierto. Las relaciones entre empresas tecnológicas, partidos políticos y regulación siguen siendo objeto de análisis por parte de investigadores, medios de comunicación y organismos públicos. Por ello, conocer qué compañía desarrolla una herramienta de IA y cuáles son sus políticas de funcionamiento se ha convertido en un elemento más de la alfabetización digital.

Cinco hábitos para usar la IA en campaña con criterio

Más que sustituir el juicio personal, la IA puede funcionar como una herramienta complementaria para informarse mejor. Para ello, conviene adoptar algunas precauciones básicas:

  1. Acudir a fuentes oficiales para la información práctica. Fechas electorales, censo, voto por correo o trámites administrativos deben verificarse siempre en organismos oficiales.
  2. Preguntar por las fuentes. Un asistente puede resumir información, pero es importante comprobar de dónde procede.
  3. Comparar respuestas. Consultar más de una herramienta o reformular una pregunta permite detectar diferencias y posibles sesgos.
  4. No delegar la decisión de voto. La IA puede ayudar a comprender propuestas o programas, pero la elección política sigue siendo una decisión personal.
  5. Verificar contenidos sorprendentes. Ante vídeos, audios o declaraciones impactantes, conviene comprobar siempre su origen antes de compartirlos.

¿Qué significa esto para la sociedad?

La cuestión más importante no es si la IA votará por nosotros, sino si aprenderemos a utilizarla como una herramienta de apoyo sin convertirla en una autoridad automática. La alfabetización digital ya no consiste únicamente en saber buscar información. También implica comprender cómo se genera, cómo se selecciona y qué limitaciones tienen los sistemas que la presentan.

Los asistentes conversacionales pueden ayudar a entender mejor una campaña electoral, pero la responsabilidad de contrastar datos, evaluar argumentos y tomar decisiones sigue perteneciendo a las personas.

Conceptos clave

  • Chatbot o asistente de IA: sistema capaz de mantener conversaciones y responder preguntas en lenguaje natural.
  • Alucinación: respuesta aparentemente convincente que contiene información falsa o inventada.
  • Neutralidad política: ausencia de sesgos hacia una opción ideológica concreta; no está garantizada automáticamente en sistemas de IA.
  • Deepfake: contenido audiovisual artificial que imita a una persona real.
  • Alto riesgo (AI Act): categoría regulatoria aplicada a determinados sistemas de IA con potencial impacto sobre derechos fundamentales.